martes, 20 de mayo de 2014

Cómo sobreponerte al despido desde la resiliencia

Según la definición de la Real Academia española, se trata de “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las adversidades.

La mirada del despido a través de la resiliencia permite hacer frente a las adversidades, superarlas y salir de ellas fortalecido, o incluso transformado. En este sentido, se favorece el autoaprendizaje, la capacidad de adaptación, el dominio de sí mismo y se minimizan potenciales efectos desestabilizadores en materias de stress, confianza, autoestima y de reinserción laboral. 

Además de superarlo, salir fortalecido del desempleo es el camino que muchas personas buscan actualmente en su vida laboral.

La resiliencia es un enfoque útil para el trabajador despedido pues permite enfrentar la pérdida del empleo como un proceso de crecimiento y de cambio, de nuevos espacios para establecer relaciones sociales y de reconstrucción interior hacia nuevos horizontes de aprendizaje.

La etapa de despido te puede proporcionar nueva información sobre ti mismo al observarse en una nueva situación, lo que debe inducir constructivamente a una modificación de tu propio autoconcepto y de la imagen hacia los otros. Estas transformaciones requieren de un proceso de adaptación personal que debe ser direccionada a partir de la resiliencia. De esta forma, la resiliencia incentiva actitudes y comportamientos positivos y proactivos que facilitan el actuar de los individuos en la búsqueda de empleo. 

Uno de los ejemplos más latentes en este sentido es la aparición de nuevas oportunidades para realizar actividades favoreciendo la capacidad emprendedora y la generación de empresarios y consultores. 
Además, permite concluir el ciclo de despido en un menor tiempo, minimizando costos y favoreciendo estrategias creativas de inserción.
En este sentido, es importante desarrollar características personales vinculadas con la creación de capital relacional, favorecer una autoimagen positiva, dimensionar problemas, tener sentido de esperanza ante las dificultades y transformar las experiencias de aprendizaje en proyectos exitosos.

Las personas resilientes poseen tres características principales: saben aceptar la realidad tal y como es; tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido; y tienen una inquebrantable capacidad para mejorar.

Además, presentan las siguientes habilidades:

•Son capaces de identificar de manera precisa las causas de los problemas.
•Son capaces de controlar sus emociones.
•Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
•Tienen un optimismo realista.
•Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades.
•Son empáticos.
•Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.

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